Hace dos años, cuando el dolor se anidaba en mi pecho
y lloraba cual Magdalena que implora misericordia,
me repetía una y otra vez cuales eran los errores que no debía volver a cometer.
Lo cierto es que mis heridas sanaron,
con el tiempo suficiente para interiorizar las lecciones aprendidas,
inclusive para convertirme en alguien incrédula, astuta y con madera para mentir,
con un juicio crítico de mi paradigma de valores y sociedad.
No obstante, pensé que la esencia de muchas cosas había permanecido en mí.
La fidelidad, por ejemplo, era una de esas cosas.
Siempre pensé que si amas algo eres incapaz de engañarlo.
Como me equivoqué!
Y no es que le haya sido infiel..... aún no...
Tampoco puedo decir que ya lo amo....
pero ha aparecido un tercero, que resulta ser muy buena opción.
Y lo relevante no es que haya aparecido, lo interesante aquí es que lo estoy considerando.
Repentinamente, me han entrado unas ideas descabelladas
quererlos por igual, sin amar a ninguno
retando a las leyes de la moral y buenas costumbres
con pecados socialmente aceptados.
Y no, no se trata de venganza al genero masculino por las heridas otrora sufridas,
tampoco es un asunto de demostrar superioridad femenina divina,
es un poco sobre mi incapacidad de decidirme por la mejor opción
en conjunto con mi resignación al fracaso que volveré a sufrir independientemente de mi elección.
Pero no, no lo voy a hacer.
Y no porque no sea capaz de manejar dos frentes de batalla,
ni porque tema por mi "reputación"
nisiquiera es porque sigo creyendo la premisa de no engañar a lo que amas.
Es mas bien un tema de no perder el tiempo.
Si ya he de iniciar una "relación" sin garantía de su éxito,
la cual va a necesitar un verdadero esfuerzo para que perdure
para que malgastar minutos, horas, días con otra persona con la que estoy condenada al fracaso.
